Pablo III, Papa: El Impuesto a la Sal que originó una guerra

*Los Papas podían ser hombres casados y gravar a los pueblos con impuestos y Pablo III no fue la excepción. Uno de  estos gravámenes, originó la Guerra de La Sal

Uno de sus primeros actos como Sumo pontífice fue nombrar cardenales a dos de sus nietos, Guido Ascanio Sforza, que contaba dieciséis años de edad, y Alejandro Farnesio, de tan sólo catorce.

Los impuestos jamás fueron bien recibidos y todas las sociedades los rechazaron. Pero cuando estos gravámenes se aplican en los momentos más difíciles, en las peores épocas de las naciones, cuando el hambre y el desempleo son el diario vivir de los pueblos, hacerlos efectivos puede traer las peores consecuencias. Incluso rebeliones y guerras como pudo comprobarlo de manera sangrienta el Papa Pablo III en 1540.

Este -quien estuvo en el solio pontificio entre octubre de 1534 y 1549- decidió gravar a  los llamados Estados Papales con un impuesto que generó una espantosa guerra, por la que muchas familias de Peruggia tuvieron que emigrar a las ciudades de Florencia y Siena, prefiriendo someterse a los señores feudales de tales urbes, que al jerarca del mundo católico.

Esa confrontación fue denominada la Guerra de la Sal, la insubordinación de una pequeña fuerza bélica, contra los poderosos ejércitos clericales. Era la época en que la Iglesia tenía un gran poder económico, con vastos territorios de su pertenencia y un formidable ejército propio, y con la posibilidad de crear cargas impositivas, que le permitieran seguir siendo una de las potencias más ricas y poderosas del mundo. Por tal razón, se creó el Impuesto a la Sal.

Como para ese entonces no existía el celibato eclesiástico, los Papas podían ser hombres casados y Pablo III no fue la excepción. Tenía tres hijos a quienes valiéndose de un poder casi omnímodo que poseía los convirtió en duques,generando con ellos algunos conflictos internacionales.

Pero también, según cuenta el portal ECURED.

En su Corte romana llevó una vida lujosa y practicó el nepotismo, contribuyendo al engrandecimiento de su familia. Uno de sus primeros actos como sumo pontífice fue nombrar cardenales a dos de sus nietos, Guido Ascanio Sforza, que contaba dieciséis años de edad, y Alejandro Farnesio, de tan sólo catorce. Este hecho fue criticado y protestado, pero tan pronto como introdujo a hombres de la talla de Reginald Pole, Gasparo Contarini, Jacopo Sadoleto y Gian Pietro Caraffa en el Sagrado Colegio, este hecho fue olvidado.

En aquellos momentos, la élite de Peruggia tenía un conjunto de privilegios, como poder designar sus propias autoridades, sin la intervención romana y no pagar impuestos por la sal, producto que en aquellas épocas era imprescindible para poder conservar los alimentos. Pero en 1539 y ante los problemas económicos que afrontaba el papado, Pablo III decidió gravar a todos los Estados Pontificios con el Impuesto a la Sal, lo cual fue desastroso para Peruggia, que ya estaba depauperada a causa de la pésima cosecha de ese año.

En tales condiciones de miseria, la población -a pesar de estar en franca inferioridad con los las fuerzas del Catolicismo- decidió rebelarse y enfrentarlo.

Era una verdadera locura. La ciudad había logrado reunir unos 2000 infantes, con muy pocas municiones, inútiles frente al ejército papal dirigido por «Pier Luigi Farnese, confaloniero de la Iglesia, hijo de Pablo III, compuesto por 8000 y 400 lansquenetes italianos.

Desde luego, los valientes perusinos, -de Peruggia-  fueron derrotados en toda la línea, pero las fuerzas de la Iglesia, debieron sufrir mucho para pacificar a toda la región, Foligno, Asís y Bastia, que brindaron una encarnizada resistencia. El ejército pontificio saqueó todos los pueblos de la comarca y al final entró en Peruggia el 3 de junio de ese año.

El odio de los perusinos, se mantiene hasta hoy. Se cuenta que como protesta por esa acción papal de 1540, en Peruggia el pan se come sin sal. La llamada Guerra de la Sal, ocasionada por un gravamen impuesto en uno de los peores momentos económicos de una región