Mundial 66: Barranquilla contra Chile, Ecuador y Colombia

Gracias a Henry de la Espriella, hijo de Rafael de la Espriella Osío, finado directivo de la extinta Adefútbol. 

En manos de Henry están las actas de esa entidad, en las que se encuentra completa esta parte de la historia

El fútbol profesional colombiano, tal como ha sido la historia del país, nació en medio de  odios e intolerancia y de intereses personales o grupales.
El 4 de julio de 1948 se realizó la primera asamblea de la Liga profesional -que después sería la Dimayor- en la que fueron elegidos los dirigentes  Humberto Salcedo Fernández, Alfonso Senior y Jorge Osorio Cadavid como miembros principales, con suplencia de Ernesto Álvarez Correa, Carlos Lafaurie R., Oscar Hoyos Botero y Gilberto Arango, quienes de manera casi inmediata se enfrentaron a los dirigentes de la entonces máxima jerarca del fútbol colombiano, la Adefútbol, con sede en Barranquilla.

La idea de los elegidos en la recién fundada Liga Profesional, era llevarse el manejo del fútbol para Bogotá -idea de Alfonso Senior, dueño y fundador del equipo Millonarios- lo que de manera inmediata dio origen al enfrentamiento entre los dirigentes de ambas entidades.

Como estaba integrada por los equipos profesionales, Dimayor -aún no tenía ese nombre- determinó que Colombia no participaría en el Campeonato Sudamericano de 1949, pero Adefútbol que tenía la representación internacional en FIFA y Conmebol -Confederación Sudamericana de Fútbol-   decidió que sí lo haría y para ello, convocó a los jugadores de Junior.

Desde  luego el papel de los juveniles jugadores costeños no fue bueno. Mientras tanto, la Adefútbol le quitó el reconocimiento deportivo a la Dimayor que quedó sin reconocimiento.

 Sin este aval, Dimayor los clubes profesionales colombianos emprendieron la famosa «piratería», contratando jugadores sin el consentimiento de sus equipos y sin cancelar los derechos de transferencias.  

Pagándole a los deportistas un salario superior al de sus divisas de origen los equipos colombianos trajeron a los mejores jugadores del continente, lo que se dio en llamar El Dorado.
Fue un verdadero caos en el fútbol del continente. No se sabía qué iba a pasar con los equipos y las selecciones y por ello, se convocó un congreso extraordinario de la Conmebol que intervendría para buscar solución al diferendo,

Tras muchas negociaciones, se llegó a lo que se denominó el Pacto de Lima. Los cuadros colombianos devolverían a sus jugadores a sus clubes de origen y la Dimayor controlaría el fútbol profesional en el país, lo que se haría entre 1951 y 54.

La Adefútbol volvió a recibir en su seno a los profesionales, pero esta aparente «luna de miel» duró hasta 1964,  cuando a raíz del torneo Juventud de América, se produjo un nuevo enfrentamiento.

Alfonso Senior, quien quería a toda costa el manejo del fútbol -y contaba con el respaldo, el poder y el dinero de los equipos profesionales, amén del que le brindaron las poderosas ligas aficionadas de Antioquia, Valle y Cundinamarca- encabezó un nuevo movimiento y creó la Federación Colombiana de Fútbol, para solicitar a FIFA y a Conmebol la dirección absoluta de este deporte en el país

Los dirigentes de la Adefútbol rechazaron el hecho, eligieron como presidente a Eduardo Carbonell Insignares y desafiliaron de nuevo a Dimayor, que ahora quedaba por fuera de las Eliminatorias  para el Mundial de 1966. Estas se celebrarían en Barranquilla.

Se repetía la historia de 1948. Colombia debería afrontar el el torneo ecuménico con una selección juvenil, reforzada con uno que otro veterano joven, en franca inferioridad frente a los rivales de turno, Ecuador y Chile.

Las burlas d la prensa bogotana, no se hicieron esperar. En especial el diario El Espectador, con si director de Deportes Mike Forero Nouges a la cabeza, auguraron un ridículo peor que el de 1949, con estruendosas goleadas en Barranquilla y como visitante.

El primer partido en Barranquilla, el 20 de julio de 1965, fue una dolorosa derrota frente a Ecuador, que bien pudo ser un triunfo. La gran actuación del portero visitante, Pablo Ansaldo y la incapacidad de los delanteros Pintuco Aguirre y Emiliano Gómez para convertir las oportunidades de gol que se tuvieron, dieron al traste con todo.

Llegarían nuevos reveses esta vez como visitantes, ante Ecuador, 2 por 0 y ante Chile, 7 por 2, que hicieron que las burlas hacia Barranquilla, sus dirigentes y el seleccionado se recrudecieran.

.¡Pobrecitos…!…¡Dan lástima…!- decían en los programas de radio en Caracol, Todelar y RCN a nivel nacional.

-¡Un gran ridículo…!- escribiría Forero Nouges en El Espectador

Las cadenas nacionales y los periódicos, destacaron a sus periodistas para cubrir el partido final de esas eliminatorias, que sería en Barranquilla el 7 de agosto, frente a los poderosos chilenos, que habían sido terceros en el Mundial 62 en su país y jamás habían sido derrotados por Colombia a nivel de mayores.

-Vienen a comer carroña pero de aquí no se van a ir contentos. Les vamos a amargar el rato con esta selección humilde- vociferaba Edgar Perea, quien hacía su debut como narrador de fútbol en esta ciudad.

-Pelea de toche con guayaba madura- dijo de manera sarcástica un dirigente local, cuyo nombre lla historia prefiere omitir

 Y no era para menos. El poco conocido seleccionado colombiano, con  Calixto Avena Casas en el marco, Roberto Torres, Walberto maya, Hermenegildo Segrera y Carlos Peña en la defensa, Miguel Pérez y Joaquín Pardo en el medio y la delantera con Henry Toscano, Antonio Rada, Oswaldo Moreno y Olinto Fonseca, no parecía ser rival para los orgullosos chilenos, que tenían un equipo durísimo formado por grandes figuras del futbol mundial y vasta experiencia en estos certámenes.

Francisco José Carlos Nitsche, arquero; defensas, Alberto Valentini, Carlos Contreras,  Humberto Donoso y Eugenio González; Ignacio Prieto, y Roberto Hodge en el medio campo y adelante, Leonel Méndez, Honorino landa, Tito Fouilloux y Leonel Sánchez en la delantera. Los técnicos eram Antonio Julio de la Hoz, por Colombia y Francisco «Pacho» Hormazábal, de Chile.

-Se van contentos pero eso no les dura. Ahora llegan los goles de Chile- decía el comentarista Miguel Zapata Restrepo al término de primer tiempo.

Nada. Los periodistas del interior y menos los propios dirigentes de la Fedebol no lo podían creer, A los 71 minutos, de penal, Antonio Rada marcaba el primer gol para Colombia y a los 86, tras un pase del guajiro Olinto Fonseca, anotaba el segundo.

La locura en el Romelio Martínez fue total. Algunos aficionados, le dedicaron el triunfo a Mike Forero Nougés a quien le dieron lo que se conoce en el medio como un «baño de tierra» y personajes ilustres del periodismo local, entre ellos Chelo de Castro, hicieron sonar en el estadio el himno de Barranquiilla. Nadie se movía del escenario.   

Al final, Alfonso Senior y la Federación de Fútbol, lograron lo que tanto apetecieron: La FIFA les otorgó el mando absoluto del fútbol en el país.