El triste final del árbol coloso de caucho

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Un inmenso y frondoso árbol de caucho terminó sus últimas horas bajo la implacable motosierra del leñador, que lo convirtió en un arrume de troncos inertes, y que produjo el llanto no solo del mismo árbol sino de quienes contemplaban absortos la caída de un coloso.

Este drama se vivió al norte de Barranquilla, en el sector de la calle 76 con 57, barrio El Prado, bajo la mirada atónita de transeúntes y trabajadores que nada pudieron hacer para evitar ese arboricidio, solo resignarse a ver la caída dolorosa de una especie cuyo culpa fue dar cobijo a personas y otra serie de seres vivientes.

Hoy, el jardín del banco, que siempre estuvo bien escoltado por ese inmenso árbol de caucho, apenas deja ver la tristeza del amigo caído; el pobre árbol de caucho solo quedó en la mente de quienes siempre lo vieron y disfrutaron de su refrescante cobijo.

La ciudadanía casi no entiende cómo pasan estas cosas, sobre todo una ciudad como Barranquilla que surge como una metrópolis verde, respetuosa del medio ambiente, su flora y fauna, y se da el desgraciado lujo de sacrificar un inmenso árbol cuyos beneficios solo serán cosas del pasado. Debería haber coherencia entre lo que se dice y se hace