Allan Poe, La Muerte Roja: en pandemia solo el aislamiento salva

Creían estaar a salvo del contagio en aquel recinto amurallado, pero…Hasta allí, hasta su fiesta privada penetró la Muerte Roja

Si respetando las cuarentenas, el peligro de contagio está ahí, acechante, latente y amenazador….¿Qué puede pasar si se decide no cumplir con el alejamiento? Y parece que en el país, se está abusando en relación con el coronavirus

Más o menos esto del aislamiento fue lo que quiso dar a entender el escritor norteamericano, Edgar Allan Poe, con su narración La Máscara de la Muerte Roja, escrita en 1842 cuando la epidemia de Fiebre Amarilla en Estados Unidos

El cuento ,una de las Narraciones Extraordinarias de Poe, sucede en una especie de castillo feudal -en realidad es una abadía amurallada- donde alegre y valiente, residía el príncipe Próspero, quien -acompañado por un buen número de amigos- se habían guarecido allí para mantenerse a salvo de la espantosa Muerte Roja, que asolaba a la región.

Era un flagelo terrorífico. Se presentaba con dolores agudos, mareos sucesivos, sudores de sangre -hematohidrosis, le llaman los médicos- y muerte inmediata. Pero el príncipe y su corte, no le prestaban atención. Se consideraban seguros en su recinto amurallado.

A los seis meses de estar aislados, el príncipe concibe la idea de realizar un baile de disfraces, evento que se escenificaría en siete de las habitaciones del castillo. Las seis primera habitaciones -según describe Poe- tenían colores diferente: Azul, púrpura, verde, anaranjado, amarillo, y morado y estaban iluminadas con luces de igual tonalidad. La séptima, en cambio era de color negro y la alumbraba un resplandor rojizo «oscuro como la sangre», lo que causaba sobrecogimiento entre los invitados. Muy poco osaban acercarse a ella.

Como complemento, en dicha sala había un enorme reloj de ébano que sonaba cada hora: En ese instante, todos dejaban de hablar o de bailar y la orquesta de interpretar sus ritmos. A las doce de la noche, como el tiempo de sonido del reloj era más largo, Próspero y sus invitados hicieron un mayor recorrido visual por entre el público y vieron una estrafalaria figura en traje oscuro, salpicado en apariencia de sangre, que parecía una mortaja. Llevaba el rostro cubierto por una máscara que semejaba ser la cara de un cadáver. Todos pensaron en la Muerte Roja.

Enfurecido hasta el paroxismo, el príncipe le exigió a sus cortesanos que lo capturaran, pero al ver que todos retrocedían asustados, el mismo se lanzó, daga en mano, contra el enmascarado, que después de haber recorrido los salones de colorees uniformes, llegaba al cuarto negro.

Próspero intentó asir al danzante por la mortaja, pero al hacerlo, lanzó un grito y cayó al suelo como fulminado. Sus amigos, corrieron a auxiliarlo y agarraron al disfrazado por el vestuario, sólo para cerciorarse de que debajo del atuendo y la máscara, no había nada. Era en verdad la Muerte Roja que sin ellos darse cuenta, había penetrado en la fortaleza.

Así remata Poe su narración: Y entonces reconocieron la presencia de la Muerte Roja. Había venido como un ladrón en la noche. Y uno por uno cayeron los convidados en las salas de orgía manchadas de sangre y cada uno murió en la desesperada actitud de su caída. Y la vida del reloj de ébano se apagó con la del último de aquellos alegres seres. Y las llamas de los trípodes expiraron. Y las tinieblas, y la corrupción, y la Muerte Roja lo dominaron todo.

Aislamiento, cuarentena, no a las aglomeraciones, no a las multitudes para evitar contagios mientras dure el mal. Esa es la enseñanza que quiso dejarnos el escritor, quien vio de cerca las epidemias de Tifo en 1837 y de Fiebre Amarilla en Estados Unidos en 1842.

Y en todo el mundo se ha optado por pedirle a los ciudadanos que se aíslen, que se encierren, a fin de no exponerse al contagio de la mortal enfermedad transmitida por el coronavirus.

No obstante, las normas no se respetan como lo denunció el diario El Tiempo a comienzos de mes: 

-Pese a las restricciones que ha impuesto el Gobierno Nacional con el fin de que los colombianos permanezcan en sus casas para evitar la propagación del covid-19, hay personas que aún no acatan las medidas y no logran entender la gravedad de la situación.
Todavía se ve una gran cantidad de gente en  diferentes ciudades del país y del mundo, caminado por las calles como si nada pasara- informó la publicación.

Y para evitar la propagación de estas enfermedades infecto-contagiosas, el único remedio es el aislamiento total. Las reuniones sociales, las fiestas y los amigos -aunque en apariencia estén sanos- son una fuente excelente para la expansión del virus.